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 Aporte teórico del c. Leons, sobre la "Comprensión del Método Dialéctico" - Parte II (Final)

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MensajeTema: Aporte teórico del c. Leons, sobre la "Comprensión del Método Dialéctico" - Parte II (Final)   Miér Feb 16, 2011 5:50 am

III
EL METODO EN SI


La comprensión de la dialéctica, en tanto ciencia del método lógico del desarrollo, estriba en la comprensión de las fases y formas particulares y especificas en las que toman cuerpo las leyes generales de la dialéctica que rigen, precisamente, el desarrollo de este mismo método. En ese sentido, y en cuanto nuestro interés es el de exponer el desarrollo de este mismo método y no tanto así su génesis como tal, procederemos a exponerlo en etapas sucesivas de: método en sí, para sí y por si.

Ahora bien, es igualmente necesario comprender que: El objetivo de todo proceso de conocimiento científico en general es llegar a conocer la verdad, o esencia, del fenómeno (ser) estudiado, es decir, no la “verdad” aparente y sensorial que se muestra a primera vista, sino la verdad en tanto reflejo racional del la esencia que se halla oculta en el fenómeno. Y que el objetivo de toda investigación científica en particular es llegar a conocer las leyes particulares que rigen el desarrollo del fenómeno (ser) investigado con arreglo a su esencia.

Hechas pues estas aclaraciones pasamos a desarrollar la primera etapa del método dialectico general concerniente a su estructura en sí:

El método en sí, que no es otra cosa que el método dialectico en un primer momento o inicio, tiene por objetivo identificar o descubrir a la esencia o relación de fuerza interior más pura, abstracta y simple que impulsa el desarrollo real del fenómeno. Así mismo, esta etapa del proceso del conocimiento se desarrolla a través de fases y formas que deberán ser impulsadas continua y permanentemente por la REFLEXIÓN MATERIALISTA del investigador o conjunto de investigadores.
Al iniciar el proceso de investigación en general y el análisis concreto de un hecho o relación concreta en particular; el fenómeno, a ser estudiado e investigado, se nos presenta, a primera vista, como una totalidad concreta caótica sin contenido lógico ni orden estructurado.

En tal sentido, la primera fase de la primera etapa de la investigación se inicia con la reflexión analítica-sensorial de los hechos, relaciones y situaciones concretas que se presentan y observan al interior del fenómeno investigado.

Luego, la reflexión analítica-sensorial nos revelara hechos y situaciones particulares cada vez menos concretas dentro de la totalidad concreta del fenómeno estudiado, así también, nos mostrara ciertos nexos o relaciones que antes no percibíamos o, que en el mejor de los casos, apenas intuíamos.

Cuando la determinación de nexos llegue a un cierto nivel de desarrollo, podremos y deberemos comparar analíticamente a estos mismos nexos entre si, en una segunda fase de reflexión analítica-conceptual, hasta llegar a identificar nuevos nexos más profundos, abstractos y simples. Así, de la representación caótica de la totalidad concreta del fenómeno que teníamos al principio, pasaremos a tener una representación cada vez más rica de múltiples determinaciones pero aun sin estructura lógica que los articule. Así por ejemplo: “Si comenzara, por lo tanto, con la población esto sería una representación caótica de la totalidad y mediante una determinación más precisa llegaría analíticamente a conceptos cada vez más simples; de lo concreto representado llegaría a abstracciones cada vez más sutiles, hasta alcanzar las determinaciones más simples.” (6)

Una vez que hayamos alcanzado a descubrir las determinaciones (relaciones) más abstractas y simples del fenómeno que estaban ocultas tras las relaciones puramente empíricas de los hechos y situaciones concretas particulares. Llegaremos a identificar, o por lo menos a aproximarnos lo más posible, a la esencia o verdad del fenómeno, es decir, llegaremos a reflejar, en nuestro pensamiento, al motor fundamental interno o relación de fuerza interior que impulsa el movimiento real del fenómeno que es objeto de investigación.

Ahora bien, es necesario indicar aquí que, no toda esencia o verdad de un ser o fenómeno de la realidad es susceptible de llegar a ser conocida en cualquier momento o época –o por lo menos no con las mismas facilidades empíricas–, sino solo después de que el mismo desarrollo real del fenómeno, histórico por ejemplo, haya proporcionando los hechos, situaciones y relaciones concretas que nos permita elevarnos (profundizar) de la totalidad concreta del fenómeno hasta su relación más abstracta y pura. El conocimiento y el desarrollo de la racionalidad del ser humano se corresponde pues, hasta cierto punto, al desarrollo real de aquello que se pretende llegar a conocer. Bien ya afirmaba Marx en sus Grundrisse que: “las abstracciones más generales solo surgen en general con el desarrollo concreto más rico”. Lo que hace que la posibilidad del conocimiento en general y del conocimiento científico de la esencia en particular, sea gradual y aproximado según el propio desarrollo real del ser. Bien hacia también pues Lenin, en este punto, cuando afirmaba que: “La dialéctica materialista de Marx y Engels comprende ciertamente el relativismo, pero no se reduce a él, es decir, reconoce la relatividad de todos nuestros conocimientos, no en el sentido de la negación de la verdad objetiva, sino en el sentido de la condicionalidad histórica de los límites de la aproximación de nuestros conocimientos a esta verdad.” (7)

Identificada, o reflejada en el pensamiento como verdad, la esencia o relación de fuerza interior del fenómeno investigado o, por lo menos, la relación que más se aproxima a ella. Deberemos proceder ahora a la inversa, o sea, nuestro método ahora ira de lo abstracto a lo concreto y no ya de lo concreto a lo abstracto como fue en una primera etapa cuando nos interiorizamos hacia la búsqueda y descubrimiento de la esencia. En esta nueva etapa se abrirán pues nuevas fases para el proceso del conocimiento propiamente dicho, es decir, se abrirán los pasos del método para sí.

Ahora bien, antes de pasar a la segunda etapa del método dialectico, valga la pena anotar aquí que: la esencia o relación de fuerza interior fundamental que impulsa el desarrollo del conocimiento en general es la REFLEXIÓN, es decir, la reflexión es lo que impulsa el desarrollo del conocimiento racional a nivel individual y social, del individuo en particular y de la historia en general. Y que dicha reflexión aparece en la realidad, o sea, en la realidad social, en forma de debate. Por tanto, la relación fundamental que impulsa el desarrollo político revolucionario de la sociedad es, pues, el debate revolucionario.


IV
EL METODO PARA SI


El método para sí, que no es otra cosa que el método para el proceso del conocimiento, consiste en la estructuración y sistematización, reflexiva, del conocimiento a través de una serie de formas que, a partir de la esencia descubierta, nos permitirán conocer las leyes particulares que rigen el movimiento del ser o fenómeno investigado.

Ahora bien, la primera fase general (por así decirlo) de esta segunda etapa del método dialectico, y que es una fase que discurre como síntesis-conceptual, se desarrolla a partir de la primera síntesis o forma que nace de la esencia o relación de fuerza interior de nuestro fenómeno investigado. Luego, dicho desarrollo continuara a través de la concatenación de síntesis conceptuales que irán superponiéndose unas a otras hasta alcanzar a desarrollar formas de hipótesis-conceptuales-estructuradas, en base a supuestos simplificadores, que nos irán acercando, por medio de un proceso de lo más abstracto y simple a lo menos abstracto y complejo, a la reproducción de la realidad del fenómeno.

Así por ejemplo: De la síntesis-conceptual de la esencia o relación de fuerza interior que impulsa el desarrollo del proceso de valorización del capital, es decir, del concepto del trabajo asalariado, que expresa a su vez una relación real y dinámicamente productiva entre el trabajo vivo (capital variable) y el trabajo muerto (capital constante) –relación que constituye la fuente real desde donde se gesta el valor o tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía–, surge, a modo de síntesis, el concepto o categoría del valor; del mismo modo: “De la contradicción (relación) entre el carácter general del valor y de su existencia material en una determinada mercancía, etc. –características generales que más tarde aparecen como dinero– surge la categoría (o síntesis-conceptual) del dinero.” ( 8 )

Cuando esta primera fase llegue a un nivel determinado de desarrollo, en el que ya podremos dar forma no solo a hipótesis-conceptuales-estructuradas en base a supuestos simplificadores entrelazados, sino a complejos sistemas teóricos. El propio desarrollo de esta fase de síntesis-conceptual nos hará pasar a una segunda fase de síntesis-sensorial por la que, emergeremos de las determinaciones menos concretas y simples a las determinaciones más concretas y complejas.

En esta segunda fase deberemos equiparar gradual y aproximativamente nuestra hipótesis-conceptual-estructurada o sistema teórico al sistema real de la totalidad concreta de nuestro fenómeno investigado hasta llegar a su reproducción, equiparación y síntesis “total”.

Ahora, esta reproducción o equiparación “total” solo podrá lograrse una vez que nuestro sistema teórico sea capaz de abordar a la “totalidad” de las peculiaridades que se registran en la realidad concreta del fenómeno investigado.
Es así que: ”En el pensamiento lo concreto (de la totalidad del fenómeno investigado) aparece, por consiguiente, como proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, a pesar de que es el punto de partida de (la observación), la intuición y la representación.” (9)

Ahora bien, el hecho de que debamos establecer supuestos simplificadores en esta etapa del método dialectico para poder aproximarnos sucesiva y gradualmente a la reproducción “total” del concreto investigado. No implica en modo alguno que el método dialectico deba ser reducido al puro método de las aproximaciones sucesivas, ya que esté último expresa solo una forma en la que se expresa el mismo método dialectico en general. Como lo pretendió el honesto y esforzado marxista H. Grossmann en la introducción de su libro “La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista” donde afirmaba que: “Lo que se investiga es el mundo de los fenómenos empíricamente dados, el mundo de los fenómenos concretos. Pero este mundo es demasiado complicado para que pueda ser conocido directamente. Sólo podemos acercarnos a él de un modo gradual. A tal fin establecemos numerosos supuestos simplificadores que nos permite conocer el objeto de nuestra investigación en su esencia. Este es el primer paso del conocimiento según el método de aproximaciones sucesivas típico de Marx.” (Lo subrayado es suyo)

Por tanto, esta etapa del método dialéctico o del proceso de conocimiento para sí, sigue un curso de dos fases generales y, formas específicas que van de lo abstracto a lo concreto.

A su vez, cada fase general y forma estructural específica implica, respecto a la anterior, un desarrollo cualitativo y aproximado en el conocimiento del fenómeno estudiado o investigado.

Así por ejemplo, en la investigación, que hiciera Marx, de las leyes particulares que rigen el movimiento económico de la sociedad capitalista: Una vez que llego a identificar (en un primera etapa que naturalmente no está expuesta en su obra fundamental) a la esencia o relación de fuerza interior más simple, pura y abstracta de la sociedad que impulsa su desarrollo existencial, independientemente de la forma que pueda adoptar en cualquier modo de producción histórico basado o no en la propiedad privada; es decir, una vez que llego a identificar al trabajo puro y simple en tanto relación de fuerzas humanas tendientes a la realización de un fin productivo, es que pudo identificar a la forma que reviste dicha esencia o relación de fuerza interior cuando está mediada por la propiedad privada y, consiguientemente, por el mercado. Es así que después de haber investigado (reflexionado) que: cuando el trabajo puro, simple, abstracto o social empezó a ser mediado por la propiedad privada es cuando comenzó a formarse el conjunto de relaciones sociales de producción y de distribución que irían estructurando la base económica de la sociedad mercantil en general (independientemente de las formas particulares que ésta pudiera adoptar a lo largo de la historia de la propiedad privada); pudo llegar a identificar a la forma que adopta el trabajo social puro y simple cuando se encuentra contenido en un producto que esta mediado por la propiedad privada, es decir, pudo llegar a identificar al valor en tanto trabajo social puro y simple contenido en una mercancía. Una vez que alcanzo esta reflexión de síntesis-conceptual expuesta de forma no tan clara en los primeros capítulos del primer tomo de “El Capital, comenzó a elevarse (emerger) de la abstracción más simple que implicaba la conceptualización del valor hacia determinaciones conceptuales menos abstractas y más concretas, como por ejemplo: conceptualizar o categorizar al valor no solo ya como cristalización de trabajo social, abstracto, puro o simple en la mercancía, sino como una determinada cantidad de ese trabajo social, abstracto, puro y simple en una mercancía hasta llegar a la conceptualización del valor como aquel tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía. Luego, cuando obtuvo este concepto preliminar del valor siguió avanzando por medio de una reflexión de síntesis-conceptual hasta llegar a conceptualizar o categorizar al dinero después de haber ya pasando por las conceptualizaciones o categorizaciones de la forma equivalente, forma relativa, valor de cambio, etc. de la mercancía y, así sucesivamente. Después llego a la determinación de categorías más concretas (menos abstractas) y por tanto más complejas que, más que expresar conceptualizaciones propiamente dichas expresaban hipótesis-estructuradas: Tal es el caso de la determinación conceptual de la “Tendencia histórica de la acumulación capitalista” expuesta casi al final del primer tomo de “El Capital” y que surgió precisamente a modo de síntesis-conceptual de todo el primer libro. Luego, en el segundo tomo, al exponer en la parte final los esquemas de la reproducción simple y ampliada desarrollara aproximaciones sucesivas a la realidad, a través de la formulación de hipótesis-conceptuales-estructuradas. En el tercer tomo de “El Capital”, desarrollara los primeros acercamientos concretos propiamente dichos a la realidad empírica del capital a través de la contrastación y equiparación gradual y aproximada de su sistema teórico-hipotético, en torno a la tasa de ganancia media general, al sistema real del funcionamiento del capital. Ahora bien, esta equiparación y contrastación aproximada las hizo por medio de una reflexión de síntesis-sensorial que lo llevaban a analizar determinaciones cada vez más concretas pero simultáneamente más complejas, como es el caso de las determinaciones del beneficio comercial, la renta de la tierra, etc. hasta llegar a pretender pasar de las fronteras del terreno puramente económico al terreno social de la lucha de clases que es donde se interrumpen precisamente los manuscritos de este tercer tomo.

Finalmente, volviendo a esta segunda fase del método para sí, cuando hayamos terminado de reconstruir en el pensamiento a la “totalidad” concreta del fenómeno investigado de forma sistematizada y lógica. Podremos identificar con mayor o “total” claridad las tendencias y leyes particulares que se imponen con férrea necesidad a lo largo del desarrollo real del fenómeno investigado. A su vez, dichas tendencias y leyes nos revelaran no solo la mecánica del movimiento, efectivo o contingente, del fenómeno, sino la dinámica de las condiciones en la que éste se genero así como la dinámica de las condiciones en las que deberá extinguirse o perecer para dar paso a formas superiores de existencia. Respecto a este punto es ilustrativo a modo de ejemplo el extracto que recogiera Marx de un artículo –publicado en una revista Rusa (“El Mensajero de Europa”) –, que se refería al método utilizado en “El Capital”. Y es que, efectivamente, en una parte del extracto puede leerse que: “El valor científico de tal investigación radica en la elucidación de las leyes particulares que rigen el surgimiento, existencia, desarrollo y muerte de un organismo social determinado y su remplazo por otro, superior al primero. Y es éste el valor que, de hecho, tiene la obra de Marx."(10)

V
EL METODO POR SI


Cuando la investigación haya concluido, es decir, cuando la investigación haya llegado a identificar las leyes particulares que rigen el movimiento del fenómeno investigado con arreglo a su esencia. La investigación podrá ser expuesta según un plan preconcebido, es decir, según una serie de pasos que no necesariamente corresponda, en lo formal, a la serie de pasos seguidos para la investigación. En tal sentido, la exposición podrá omitir, en aras de lograr una comprensión pura, ordenada, lógica, teórica y sistematizada de los resultados a los que se arribaron en la investigación: la etapa correspondiente a la identificación de la esencia del fenómeno investigado, así mismo, podrá omitir algunos, o si es que no muchos, hechos concretos que nos sirvieron para elevarnos de lo abstracto a lo concreto. De esta forma observaremos que los pasos que debe seguir nuestra exposición diferirán, en lo formal, de los pasos seguidos para el desarrollo de nuestra investigación propiamente dicha. “Ciertamente, el modo de exposición debe distinguirse, en lo formal, del modo de investigación. La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno. Tan sólo después de consumada esa labor, puede exponerse adecuadamente el movimiento real. Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto es posible que al observador le parezca estar ante una construcción apriorística." (11)

Ahora, cuando las reflexiones alcanzadas en la investigación (sobre la elucidación de la esencia y de las leyes del fenómeno investigado) sean utilizadas para iniciar un nuevo ciclo de investigación o de reflexión científica, dichas reflexiones devendrán a ser por sí mismas, ya que serán nuevamente reproducidas en otro ciclo de investigación. Con lo que la reflexión de un primer ciclo seguirá desarrollándose en el siguiente ciclo, pero sobre una base superior de la partió al inicio de ese primer ciclo.

Por tanto, el conocimiento “total” sobre un ser, aspecto o fenómeno de la realidad no se realiza de una sola vez para siempre en y por un proceso de investigación, sino a través de un conjunto de ciclos de investigación que van concatenando y superponiéndose unos sobre otros hasta hacer visible un curso de conocimientos en espiral que va de lo inferior a lo superior.

La ciencia, por tanto, más que ser un conjunto de conocimientos sistematizados sobre un determinado aspecto de la realidad, es el desarrollo concatenado de conocimientos sobre ese aspecto de la realidad que se van sistematizando de lo inferior a lo superior.

Así mismo, los principios científicos no se dan de una vez para siempre, sino que son y deben ser reafirmados una y otra vez al final de cada ciclo de investigación científica.

El marxismo, por tanto, no puede ser sino aquella ciencia histórica que va reafirmando principios y sistematizando reflexiones en, para y por una clase histórica que está llamada a cerrar la prehistoria de la sociedad humanizada. El proletariado.

VI
EL MATERIALISMO HISTORICO


“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.” Así comienza el primer capítulo del Manifiesto del Partido Comunista que se escribió entre diciembre de 1847 y enero de 1848 por encargo de la Liga de los Comunistas y, así comienza esta parte del presente opúsculo para mostrar que: el materialismo histórico, o la concepción materialista de la historia, no es sino la aplicación del método dialectico-materialista al desarrollo histórico de la sociedad humana.

¿Pero cómo se muestra la concepción materialista de la historia a través de la lucha de clases? Pues concibiendo a la lucha de clases como aquella relación social de fuerza interior que ha impulsado el desarrollo de las fuerzas productivas a lo largo de la historia de la propiedad privada.

La lucha de clases es, pues, el motor de la historia de la sociedad civilizada.
Pero como se llega a determinar a la lucha de clases como la esencia social de la sociedad civilizada y, que nos servirá para concebir metódicamente a la historia desde un punto de vista realista, es decir, materialista. Pues al respecto no expondremos sino brevemente lo siguiente:

Cuando observamos la actual sociedad capitalista, lo primero y más resaltante que se nota a primera vista es su mundialización: su mercado mundial; sus inversiones mundiales; sus empresas mundiales; su población mundial; sus organismos mundiales; sus Estados tendientemente a mundializarse; su cultura mundializada; etc. La totalidad concreta del capitalismo se nos presenta como la sociedad más mundializada e internacionalizada de todos los tiempos. Y efectivamente lo es. Pero cuando vamos analizándola sensorialmente cada vez más y más, encontramos nexos y relaciones menos concretas y más simples como: tratados de libre comercio; acuerdos financieros; bolsas de valores; clases sociales; ideologías; etc. hasta que llegamos a un punto en el que el análisis sensorial pierde todo sentido. Entonces, a través de un análisis conceptual vamos descubriendo relaciones más profundas, abstractas y sutiles hasta que llegamos a descubrir a la relación más abstracta y simple que está en la base de todo el sistema. El trabajo asalariado.

Y es que, efectivamente, el trabajo asalariado es la relación de fuerza interior más simple y común de la sociedad, pero la más abstracta y pura desde un punto de vista científico, a partir de la cual se expresa la existencia de cualquier ser humano que vive en la sociedad actual: Compramos o vendemos fuerza de trabajo a cambio de un salario tipificado como legal o ilegal; viajamos al otro lado del mundo para comprar o vender fuerza de trabajo; incluso amamos u odiamos a cambio de aquello que se puede llegar a conseguir con la compra o venta de la fuerza de trabajo. Todas nuestras relaciones económicas, sociales, políticas y hasta morales se basan pues, directa o indirectamente, en el trabajo asalariado. Este es, pues, la esencia o relación (económica) de fuerza interior fundamental de la moderna sociedad capitalista que impulsa hoy ya de forma decadente la reproducción de capital y, por tanto, la reproducción de esta misma relación y de todas aquellas que se basan en ésta.

Pero el trabajo asalariado no es la relación de fuerza interior fundamental que impulsa el desarrollo histórico de la sociedad pura y simple, ni siquiera de la sociedad basada en la propiedad privada, sino únicamente de la sociedad basada en la propiedad privada de capital que se encuentra en manos de particulares o del Estado.

La esencia o relación de fuerza interior de la sociedad pura y simple que ha distinguido al ser humano, hasta el momento, de cualquier otro ser del espacio-tiempo universal. Es decir, la relación esencial que hace que el hombre sea hombre y, por en ende, que la sociedad humana sea la sociedad humana, es el trabajo puro y simple. El trabajo es pues la esencia de la sociedad humana; su relación de fuerza interior más profunda que impulsa a que la sociedad sea tal. O sea, el trabajo es la más íntima relación social y racional del ser humano en sí, para sí y por sí.
Ahora bien, veamos cómo apareció esta esencia pura y simple que hace que el ser humano sea tal.

En un punto situacional del espacio-tiempo universal (África-2.5 millones a.n.e. aprox.), se produjo la génesis de la sociedad humana. O sea, fuerzas provenientes de las relaciones sociales de nuestro último antepasado homínido entraron en una relación de génesis condicional con otras fuerzas (provenientes del clima por ejemplo) hasta dar forma a un existente contingente de ser humano sin contenido ni delimitación propia. Pero llegado a un punto de desarrollo, las fuerzas condicionantes del existente alcanzaron un punto de equilibrio en el que el ser humano contingente pudo controlar las fuerzas que se albergaban en él, es decir, el hombre (social) comenzó a controlar a sus individuos y, por ende, a las extremidades físicas de estos en torno a la actividad conjunta de su producción material. El hombre devino pues como ser en sí. Su esencia o relación de fuerza interior, o sea, el trabajo, comenzó a impulsarlo en su desarrollo de lo inferior a lo superior a partir de una primera forma social. El comunismo primitivo.
Una vez concebido el trabajo como la esencia del hombre (social) puro y simple habrá que retornar (emerger) a la totalidad concreta del capitalismo, o sea, de la abstracción más pura y simple que implica la determinación del trabajo habrá que volver a través de una serie de síntesis-conceptuales de la historia civilizada a la totalidad concreta de la sociedad capitalista.

En ese sentido, a continuación desarrollaremos una breve conceptualización materialista de la historia civilizada.

Una vez que el hombre apareció en forma de sociedad comunista primitiva, solo sería cuestión de tiempo para que se dotara de extremidades artificiales para sí. Como por ejemplo instrumentalizar piedras y palos para recolectar, cazar o pescar socialmente. Luego, y una vez que los instrumentos y/u objetos (sociales) de trabajo llegaron a un determinado nivel de desarrollo, un desarrollo cuantitativo significo simultáneamente un desarrollo cualitativo o de forma en la sociedad humana que hizo posible la aparición de: la división (relación) social de trabajo entre varón-mujer; luego, la aparición de la división (relación) social de trabajo entre sedentarios-nómades; agricultores-ganaderos; etc. Hasta que se llego a nuevo punto de desarrollo en que de “repente” un aumento cuantitativo de la producción significo simultáneamente un excedente de la producción. Estos excedentes productivos de un clan o tribu (llamados nomos por ejemplo en Egipto) fueron intercambiados por excedentes productivos de otras tribus y, se gesto entonces la condición material (excedentes) para el desarrollo de una forma social cualitativamente diferente a la anterior. La sociedad basada en la propiedad privada, o sea, la sociedad mercantil civilizada.

Una vez que apareció esta nueva forma de sociedad, basada primigeniamente en la propiedad privada de unas tribus respecto a otras, el propio desarrollo de las fuerzas productivas así como la necesidad de su desarrollo, impulso a algunas tribus –representadas por sus elites religiosas gobernantes–, a apropiarse esporádicamente de la vida y fuerza de trabajo de individuos y/o tribus vecinos para hacer frente a trabajos complejos, que no podía realizar por sí sola la tribu o alianza-trivial vencedora, como por ejemplo: la construcción de regadíos para la sociedad en general; la edificación de templos para las castas religiosas gobernantes; etc. Con el tiempo, las castas gobernantes pasaron a convertirse de administradoras privadas de los medios de producción sociales a prácticamente propietarias privadas de esos medios de producción. Ahora, dicha apropiación circunscrita al territorio del pueblo engendro primitivas relaciones jurídicas al interior de la sociedad trivial para normar la conducta de los miembros con respecto a la propiedad. Se formaba pues el derecho y el poder político sobre los cuales se constituiría luego el Estado que, siendo administrado por las clases dominantes para provecho suyo, estaría destinado a mantener el orden económico social imperante.

El desarrollo de las fuerzas productivas aceleró pues la productividad y, por consiguiente, el comercio entre y al interior de los pueblos propiamente ya civilizados, es decir, de los pueblos que basaban sus relaciones sociales de producción en relaciones sociales de propiedad.

Llegado a un punto, el propio hombre fue convertido de forma permanente en propiedad privada de otros hombres y, por consiguiente, en mercancía. La esclavitud entraba en escena y el esclavismo comenzaba a perfilarse como un modo de producción principal y general, es decir, social. La historia de Egipto, Mesopotamia, Persia y del resto de las primeras civilizaciones antiguas nos muestran como el desarrollo de las fuerzas productivas y su necesidad de seguir desarrollándolas impulso a que muchas sociedades se transformaran de simples comunidades triviales en imperios colosales basados fundamentalmente en la esclavitud, es decir, en el trabajo esclavizado.

El trabajo esclavizado fue pues la esencia o relación de fuerza interior que impulso el desarrollo de estas sociedades. Y es que, efectivamente, a pesar de que en estas sociedades existieron un número variado de clases sociales que aportaron al desarrollo general de la sociedad, fueron los esclavos que aportaron, con su fuerza de trabajo esclavizado, de forma determinante en el desarrollo de las fuerzas productivas al interior de estas primeras sociedades, así por ejemplo: en la construcción de represas, acueductos, palacios, ciudades, etc. sobre los que se hizo posible el desarrollo de la ciencia y de las artes en general. A su vez, este desarrollo hizo posible la aparición de nuevos imperios (Roma por ejemplo) más extensos y poderosos que en otrora; pero estos imperios si llegaron a ser tales es porque no reflejaron sino la mayor interconexión e interdependencia económica alcanzada entre los pueblos de la antigüedad y la necesidad de interconectarse aun más en una totalidad. Pero en la cima de estos imperios basados en la esclavitud se estaban ya gestado las condiciones de nuevas formas de trabajo. Tal fue el caso de la aparición, en los siglos I Y II, al interior del Imperio Romano del “colonato”, es decir, de aquel trabajo que se basaba en la entrega de tierras por parte de los señores latifundistas romanos a sus esclavos o libertos para que las trabajasen. Pero esta práctica no se realizo en modo alguno por la devoción religiosa al cristianismo que empezaba ya a extenderse por aquel entonces, sino porque los esclavos y libertos usados de esta forma eran más productivos que aquel en los que tenían que ser mantenidos de por vida por sus amos. Además, la explotación en masa de los esclavos no venia tanto así de la mano de los particulares, a no ser que éstos fueran grandes latifundistas, sino del Estado; ya que éste ultimo (como en cualquier otra época) tenía la tarea de realizar obras, empresas y campañas que necesitaban las clases dominantes pero que no podían llevar a cabo por si solas de forma particular. Con el desarrollo y evolución de esta práctica del “colonato” las bases de un sistema económico basado fundamentalmente en el trabajo esclavizado se hicieron cada vez más innecesarias y, por tanto, irracionales. Los grandes latifundistas romanos pues más que necesitar un Estado centralizado e Imperial necesitaban su fragmentación y desaparición, ya que más que mantener sus posiciones privilegiadas frente a los esclavos (cosa que cada vez menos necesitaban por las nuevas relaciones de producción que estaban desarrollando), los menoscababa con impuestos y tributos para la manutención de un ejército y burocracia parasitarios y, no solo a ellos, sino aún en mayor medida a los campesinos de todo el imperio. No fue pues extraño que el Estado Romano se haya desmoronado también a causa de la ayuda que le otorgaron los latifundistas y campesinos a los Barbaros que invadieron el Imperio en el siglo V y, de lo que resulto la división del imperio y consiguiente desmembración total del Imperio de Occidente en varios reinos.

Las raíces para el “desarrollo” de la sociedad basado en el trabajo de servidumbre, estaban pues echadas. Pronto muchos reinos fueron administrados en base al sistema económico del feudalismo y, en cuya base estaba a su vez la explotación de los siervos que se habían reclutado principalmente de los esclavos y libertos.

Casi mil años tuvieron que pasar para que este sistema, aureolado con la infernal gracia divina del “todopoderoso”, se enmoheciera y creara en su interior las condiciones de una nueva forma social superior al feudalismo. La sociedad capitalista.

Pero estas condiciones no se dieron de golpe sino que fueron madurando lentamente en el propio seno de la sociedad en descomposición, hasta que llego un punto en que las relaciones de propiedad vigentes, en las que se habían basado las relaciones de producción vigentes, se volvieron tan intolerables e irracionales para el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo de servidumbre que no pudieron sino ser barridas de golpe por la revolución burguesa. Ahora bien, las más importantes condiciones que fueron necesarias para la aparición de una nueva sociedad (capitalista) y que maduraron al interior de la propia sociedad feudal en descomposición fueron entre otras que: “De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía. El descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de la India y de China, la colonización de América, el intercambio de las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido y aceleraron, con ello, el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.” (12)

Una vez que la burguesía, bajo la sombra del culto religioso enmohecido, logro desarrollar suficientemente las fuerzas productivas del capital y, por tanto, sus propias fuerzas, lanzo a la cara de las viejas clases dominantes su pretensión de conquista y dominio político y jurídico universal. Sin temor a desafiar a todo lo existente hasta ese entonces, abofeteo sin piedad en 1648 a las clases dominantes en Inglaterra que se oponían a los derechos y poderes necesarios y reclamados para y por la burguesía. Y en Francia, en 1789, sin pudor ni desconsuelo guillotinó a todo aquel que osara hacerle frente. Reyes y dioses fueron echados al basurero de la historia y de sus existencias hoy no quedan más que un reminiscente e inmundo hedor que aun emana desde algunas cabezas.

La burguesía después de haber conquistado el domino político de la sociedad entera en algunos países, se dispuso a extenderlo a todo el mundo civilizado y también a los que aun no lo eran. Obligo a adoptar el modo de producción capitalista y su forma política y jurídica burguesa de apropiación a toda raza, lengua y nación de todo el mundo sin distinción. O sea. Libero a todo hombre de la explotación particular para encadenarle a su explotación universal.

La burguesía pues, o mejor dicho la sociedad bajo el dominio de la burguesía, ha desarrollado las fuerzas productivas hasta un grado que jamás antes se había conocido ni imaginado. Desde los pequeños talleres de manufactura heredados por la edad media hasta los grandes complejos industriales de la empresas multinacionales; desde las viejas carretas que trasportaban por caminos estrechos y pedregosos mercaderías en meses y años hasta los modernos aviones y gigantescos buques que transportan mercaderías en cuestión de días; desde la imprenta tosca y rudimentaria hasta las modernas computadoras y sistemas de red que nos permiten obtener información en menos de un segundo; desde las pequeñas villas y burgos donde se gesto la burguesía hasta las enormes ciudades de edificios y rascacielos; etc. La burguesía, o mejor dicho la sociedad bajo el dominio de la burguesía, ha desarrollado las fuerzas productivas a un nivel que jamás antes se hubiera siquiera sospechado. Y con guerras y acuerdos de paz disimulados a consolidado su derecho y poder político incuestionables en todo el mundo.

Pero la burguesía, propia y realistamente hablando, no fue la clase que impulso por sí misma las fuerzas productivas, es más, desde que se convirtió en una clase parasitaria a dejado prácticamente de ser necesaria para el desarrollo de las fuerzas productivas en todo el mundo. Ha habido pues otra clase histórica que apareció casi simultáneamente junto a ella; otra clase en cuyo trabajo ha descansado verdaderamente el impulso de las fuerzas productivas; otra clase que no solo ha sido sujeta cruelmente a las cadenas del capital, sino que ha sido sacrificada como carne de cañón en las guerras de la burguesía; otra clase en cuyas manos está realmente el destino y el futuro de toda la humanidad. El proletariado.
El proletariado pues, la clase –nuestra clase– que no vive sino a condición de vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir y la vende solo en tanto es susceptible de ser explotada para acumular capital. Se ha formado y desarrollado durante más de dos siglos.

Desde el siglo XVIII laborando en las primeras empresas industriales de Inglaterra hasta su actual trabajo sistemático e interconectado a nivel mundial. Ha evolucionado junto a la burguesía en y por medio de una lucha de clases declarada a muerte; velada algunas veces por ilusiones constitucionalistas y otras mostradas franca y abiertamente por guerras civiles en todas partes del globo. Su lucha contra la burguesía comienza pues, como ya se dijo en el Manifiesto de 1848, con su surgimiento.

El proletariado es pues, actualmente, la clase antagónica fundamental de la sociedad capitalista. Su tarea no consiste en pactar con la burguesía ni con su Estado bajo ninguna forma, sino en destruirlos. Y es fundamental porque es la única clase de donde puede venir la fuerza social capaz de exteriorizarse (en la sociedad socialista) y fundamentar una nueva sociedad basada en la propiedad social y humanitaria de todo. La sociedad comunista.

Ahora bien. Si se dice que el proletariado es la clase antagónica fundamental de la sociedad actual. Habrá que responderse ¿Qué es una clase social? Y por tanto: ¿Por qué se dijo que la lucha de clases es el motor de la historia de la sociedad civilizada?
Frente a la interrogante: ¿Qué es una clase social? Deberemos tener en cuenta dos cosas, que se mencionaron antes, a saber: Las relaciones sociales de producción y las relaciones sociales de propiedad. En tal sentido, una clase social no viene a ser sino aquella parte de la sociedad que desempeña un rol determinado en la producción social en base y con arreglo a su propiedad en la sociedad.

Así por ejemplo: La clase de los esclavos, en Egipto por ejemplo, se encargaban de efectuar los trabajos más forzosos y productivos pero solo una vez que hubiesen sido sometidos a la expropiación total de sus vidas y cuerpos; la clase de los patricios, en los inicios de Roma, tenían el papel de proporcionar la tierra de su propiedad a los plebeyos para que estos la trabajaran; la clase de los siervos, en la edad media, que estando atados a la propiedad de la tierra de los señores feudales, y de sus administradores, se encargaban del trabajo agrícola; la clase de los campesinos libres, igualmente en la edad media, se encargaban también de la producción agrícola, pero a diferencia de los siervos los campesinos libres eran propietarios de pequeñas parcelas de tierra, por lo que pagaban diversas clases de tributos al rey y a la iglesia por ejemplo; la clase de los artesanos, a fines de la edad media, se encargaban de la producción manufacturera debido a que eran propietarios de ciertos instrumentos de producción industrial domésticos; la clase de los burgueses, en vísperas de la época capitalista, se dedicaban de comprar productos y venderlos en otros lugares a cambio de un beneficio; la moderna clase burguesa, en la actualidad, propietaria del capital y encargada de invertirlo para su reproducción; la clase proletaria, en la actualidad, propietaria de la fuerza laboral material e intelectual y que se encarga de la producción material e intelectual a cambio de un salario.

Ahora, algo importante que agregar. A lo largo de la historia de la civilización pero hasta antes de entrar en el capitalismo; debido a que las fuerzas productivas no habían alcanzado aun el grado de desarrollo necesario que hiciera posible la producción sistematizada a nivel mundial, la producción era local, regional o a lo mucho nacional, lo que hizo que la propiedad fuera también local, regional o lo mucho nacional y, consiguientemente, que las clases tuvieran un carácter local, regional o a lo sumo nacional. Tal es el caso de: la clase latifundista que tenían un carácter a lo sumo nacional debido a que su propiedad abarcaba a lo mucho extensiones nacionales; los siervos y campesinos libres de la edad Media que tenían un carácter comúnmente localista; los esclavos de la antigüedad que tenían un carácter comúnmente regional. No es extraño pues que la insurrección de Espartaco durara apenas entre el 73 al 71 a.n.e. debido, precisamente, entre otras, a esta causa regionalista.

Pero en el capitalismo, todo lo anterior ha cambiado radicalmente; ya que debido a la cada vez mayor centralización e interdependencia de la producción a nivel mundial, la propiedad de los medios de producción ha ido centralizándose paulatinamente en pocas manos y, lo que ha hecho que las clases sociales se reduzcan a prácticamente dos. La burguesía y el proletariado.

Es así que el pequeño “burgués” que antes se distinguía claramente del gran burgués por un lado y del proletariado por otro lado, hoy más bien parece un trabajador a destajo y subordinado (como socio) a las grades empresas capitalistas de las que depende cada día más. De igual modo, aquellos que eran considerados como clase media hoy no son más que una forma de asalariados; el hombre de ciencia, el maestro, el médico y el jurisconsulto, por ejemplo, hoy no son más que otros tantos asalariados directos o indirectos de la burguesía y del capital.
Por tanto, en la actual sociedad capitalista, la población se ha dividido y reducido a dos clases. Las demás clases de otrora, hoy prácticamente ya no existen, y, si aparentemente existen no es sino para mostrar su extinción en las filas de los desheredados o del proletariado propiamente dicho.

Ahora entonces y dicho lo anterior: ¿Qué se entiende por lucha de clases? Pues nada más ni nada menos que aquella relación social de fuerza interior basada en la propiedad privada que impulsa el desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, la lucha de clases es la esencia de las sociedades basadas en la propiedad privada de los medios de producción a través de las cuales se desarrollan las fuerzas productivas bajo diversas formas de trabajo históricamente determinados que van de lo inferior a lo superior. ¿Y cuál es la relación social de fuerza interior del capitalismo? Pues, la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía que condicionan la forma del trabajo asalariado que impulsa el desarrollo, hoy ya decadente, de las fuerzas productivas. ¿Y qué es el trabajo asalariado? Pues aquella relación social para el trabajo entre capitalistas y proletarios; aquella relación social productiva en la que los primeros tienen el rol de poner los medios de trabajo de su propiedad y los segundos la fuerza de trabajo para poner en movimiento esos medios de trabajo; en fin, aquella relación o forma de trabajo históricamente determinada por las fuerzas productivas.

Ahora bien: ¿Qué sucedía antes con una relación social de clases que se volvía incompatible con el desarrollo de las fuerzas productivas? Pues era reemplazada por otra relación social esencialmente igual a la anterior, es decir, por otra relación social de clases para la producción que fuera capaz de fundamentar una nueva forma de trabajo aclimatado al desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas al final del ciclo histórico anterior.

¿Pero qué ha de suceder si es la relación social de clases, pura y simple, la que se convierte incompatible y contradictoria con el desarrollo de las fuerzas productivas? Pues que tendrá que ser reemplazada por una relación social sin clases, es decir, por una relación social para la producción basada en la propiedad comunitaria de los medios de producción que será capaz de fundamentar un trabajo libre y planificado para el desarrollo libre y planificado de las fuerzas productivas en, para y por toda la sociedad humanizada.

Por tanto y finalmente: ¿En que descansa realmente la decadencia del actual régimen de producción capitalista? Pues en el hecho de que la actual relación social de fuerza interior del capitalismo, es decir, las relaciones de producción basadas en los antagonismos de clase que fundamentan el trabajo asalariado, se ha convertido en una relación social de producción permanentemente incompatible con el desarrollo de las modernas fuerzas productivas.

VII
EL METODO PRACTICO-CRITICO


Después de haber expuesto los anteriores puntos, nos queda por formular la pregunta más importante del presente opúsculo: ¿De qué sirve reflexionar metódicamente?

Las revoluciones las hacen los hombres no las cosas. El mundo no se transforma porque las circunstancias de lo posible rodean al hombre sino porque el hombre se apodera de las circunstancias. Y se apodera de las circunstancias porque la necesidad racional así lo exige.

Guerras y revoluciones han pasado por la historia; guerras y revoluciones en las que hemos luchado consciente o inconscientemente; guerras y revoluciones que han dado forma a lo que hemos sido hasta ahora. La sociedad civilizada.

Pero la sociedad civilizada no es eterna. El desarrollo de fuerzas productivas alcanzado en el seno de su última forma histórica, o sea, en el seno de la sociedad capitalista que se encuentra actualmente en decadencia, ya ha creado las condiciones para el nacimiento de una nueva sociedad. La sociedad comunista humanizada.

Un mundo nuevo ya palpita en el viejo; un mundo en el que los hombres podrán trabajar juntos como hermanos; un mundo que ha madurado lenta y penosamente a lo largo de milenios; un mundo ya latente, en cuanto a sus fuerzas productivas en el Internet, la nanotecnología, el microchip, el trabajo sistematizado y socializado mundialmente, etc.; un mundo que solo podrá abrirse paso por la fuerza revolucionaria del proletariado.

Pero la fuerza revolucionaria del proletariado no reside en su cuerpo proletario separado de su conciencia revolucionaria ni en su consciencia revolucionaria separada de su cuerpo proletario, sino en la actividad conscientemente radicalizada de todo el cuerpo del conjunto del proletariado. En su praxis.

La práctica a de transformarse en crítica para que la crítica pueda transformarse en práctica.

Pero la práctica se hace crítica y la crítica se hace práctica solo a través del camino planificado. Sin ese camino, toda fuerza práctica sin conciencia se esparce y, toda fuerza consciente sin práctica se evapora. ¡He ahí la importancia de la reflexión metódica revolucionaria! ¡He ahí la importancia política del método dialectico!
El método dialectico no solo sirve pues para comprender el mundo sino también para transformarlo.

Sin método en la teoría y en los hechos todo quedara reducido a frase. Y la tragedia se hará comedia y la comedia terminara en tragedia.

Actualmente estamos entrando, paulatinamente, en un nuevo periodo de lucha de clases más feroz y encarnizada a nivel mundial. La última crisis desatada hace algunos años ha golpeado brutalmente al proletariado en todo el mundo. Millones han salido y están saliendo a diario a las calles a protestar por sus medios de vida y otros no vacilan en morir si es necesario. El mundo se halla consternado. Toda la derecha e izquierda del capital en santa cruzada pide calma a los proletarios y a los semi-proletarios (desheredados) y la calma no se hoye cuando es el hambre y la desesperación lo que no deja tranquilo al mundo.

La situación parece insostenible: gobiernos que caen aquí y allá; Estados a punto de colapsar; masas espontaneas sedientas de venganza; miles de millones agonizando en la miseria más despreciable de lo terrenal; “revolucionarios” gritando revolución. La situación parece colapsar pero nada más que parecer.

El mundo no se transformara, sino que incluso perecerá, si la teoría y consciencia no se expande y apodera de la clase en su conjunto; si no hacemos metódica y planificadamente lo necesario para revolucionar el mundo y convertir entonces el arma de la crítica en la critica por las armas.

“El arma de la crítica no puede sustituir la crítica por las armas; la violencia material no puede ser derrocada sino con violencia material. Pero también la teoría se convierte en violencia material una vez que prende en las masas.” (13)

Pero para encender la teoría en el conjunto de la clase; para que la crítica-teórica revolucionaria se transforme en práctica-crítica revolucionaria; para clarificar el programa comunista del proletariado y estructurar el órganos político fundamental que la clase requiere para ejecutar dicho programa de forma conjunta; para dejar de soñar realidades y comenzar a realizar sueños. Primero debemos aprender a trazar el camino hacia nuestros objetivos y metas y, trazar el camino implica estar ya caminando hacia nuestros objetivos y metas. Pero trazar el camino así como caminar implica método, reflexión y planificación en todos y cada uno de nuestros actos; para el estudio, para la investigación, para la organización, para el debate, para la propaganda, para la agitación, para el enfrentamiento cara a cara con la burguesía y su Estado, para tomar el poder a nivel mundial cuando llegue el momento y, más aún, para saber lo que hay que hacer como clase cuando tomemos el timón de la historia.

Ahora bien, donde comienza el camino premeditado hacia la revolución: En la práctica de la teoría revolucionaria. Pero la teoría solo es practicada en cuanto es estudiada, reflexionada y contrastada con la realidad, para investigar y debatir sobre los fenómenos y hechos que deberemos de transformar.
Sin teoría revolucionaria toda lucha de clases será superflua e incluso inútil y, nosotros, los revolucionarios comunistas, los seremos aun más. Cierto y justo es el juicio proclamado de Lenin que casi siempre es olvidado: “Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario” (14)

La teoría revolucionaria ha de ser practicada y no meramente proclamada. Sin la lucha teórica, fundamental para el desarrollo de la clase en su conjunto y para el de los comunistas que van naciendo de ella, nuestro futuro como clase y como vanguardia se reducirá a la pura incertidumbre y los canallas de la burguesía podrán brindar otra vez con nuestra sangre y lágrimas sobre la tumba de nuestros hermanos proletarios.

La teoría revolucionaria ha de desembarazarse de la discusión academicista de aquellas pantomimas de “elites de intelectuales” que se elevan por encima de la clase y, ha de hacerse practica revolucionaria de revolucionarios en, para y por la clase. Si la teoría y el método revolucionario aún se encuentran secuestrados en la boca y manos de algunos autoproclamados “teóricos marxistas”, neguemos tal situación dialécticamente, es decir, apliquemos la teoría y el método revolucionarios a las actividades revolucionarias del estudio, de la investigación, del debate, de la organización, de la propaganda, de la agitación e intervención política planificada.
La aplicación del método dialectico a toda actividad revolucionaria que enriquezca nuestra consciencia y teoría revolucionaria no solo ha de ser necesaria, sino indispensable.

Estudiemos e investiguemos minuciosamente la realidad a transformar. La lucha teórica de una minoría se transformara en lucha política de masas si los que la estudian e investigan son políticos. La fuerza política de la revolución yace en el debate y la reflexión política de las más amplias masas.
Si buscamos aportar realmente a nuestra clase, si pretendemos luchar verdaderamente como revolucionarios, tendremos que trabajar entonces como revolucionarios, es decir, con método y planificación desde el inició hasta el final en todos nuestro actos. Desde el estudio a la intervención política-practica más amplia, hemos de llevar la consigna esencial de la REFLEXION REVOLUCIONARIA.

Leons
07 de febrero de 2011

Notas:

(6) Karl Marx: Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Grundrisse). 3. El método de la economía política.
(7) V. I. Lenin: “Materialismo Y Empiriocriticismo”. Capítulo II, Punto 5
( 8 ) Karl Marx: “Carta a Engels del 2 de abril de 1858”. Lo entre paréntesis mío.
(9) Karl Marx: Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Grundrisse). 3. El método de la economía política. Lo entre paréntesis mío.
(10) Karl Marx: Epilogo a la segunda edición de “El Capital”.
(11) Ibíd.
(12) K. Marx & F. Engels: Manifiesto del Partico Comunista. Capítulo Primero.
(13) Karl Marx: Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.
(14) V. I. Lenin: ¿Qué Hacer? Capítulo I



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